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Cuando el libro Desborde Subterráneo suena es porque algo trae…
Photo Credit To Willy Wong Wimpón

Cuando el libro Desborde Subterráneo suena es porque algo trae…

Una vez concluido de leer el libro Desborde Subterráneo de la investigadora y polítologa Fabiola Bazo -con grandes cortes comerciales pues admito ser un lector indisciplinado; (Miguel Lescano lo acabó en tres días: todo un Woodstock)-; me animé a comentar acerca de este ambicioso trabajo y gran esfuerzo de investigación sobre la movida subterránea -ochentera/noventera-; fenómeno heterodoxo/contracultural musical que llamó la atención de la sociedad conservadora limeña y que de alguna manera sacudió los cimientos de la incipiente como ortodoxa escena rockera nacional de aquel entonces.

Cabe puntualizar que muchos fueron los factores que contribuyeron a generar este fenómeno o movimiento siempre más musical que ideológico -creo yo- inicialmente por influencias anteriores a la época léase la movida punk inglesa -siete a ocho años tardó en llegar aquí-; el boom del rock en español, la incesante búsqueda como desahogo de una juventud de aquel entonces que buscaba mecanismos de expresión liberadora tras vivir ajena, separada, controlada, desconectada, maniatada y reprimida incontables años bajo el yugo de gobiernos militares y que se planteaba nuevos espacios de comunicación tras la vuelta a la vida democrática/país desde el segundo gobierno de Belaúnde (La página once y el gobierno de la perdición / la masacre de Uchuraccay) con las primeras incursiones senderistas aunado a la miopía del mandatario y de la derecha para no darse cuenta que el país ya no era el mismo de los años sesenta.

La crisis económica, el desempleo, la escasez, los desabastecimientos, la especulación, las condenatorias colas como el pan de cada día, la industria del narcotráfico y el narcopoder, los toques de queda y la corrupción pública -los grandes negociados de los dólares Muc y la construcción del tren eléctrico- a los máximos niveles más las masacres de los penales, ‘El Frontón’, ‘Cayara’, el comando paramilitar de aniquilamiento Rodrigo Franco; “El túnel de Polay” y el gran escape emerretista durante el primer gobierno aprista de Alan García hasta el primer gobierno de Fujimori; la cúpula del poder y la corrupción institucional (Fujishock, autogolpe del 5 de abril y disolución del Congreso, la guerra interna: Tarata, masacres de Barrios Altos y La Cantuta a cargo del grupo de la muerte Colina, apagones, coches bomba, desapariciones, la captura de Abimael Guzmán y la derrota del senderismo) fueron hechos históricos que vivieron la juventud de aquellos años y que dejaron huella en ella para siempre pues ávidos de tener algún poder de manifestación como de alguna presencia, posición o simplemente alzar su voz; veían en la llamada ‘Movida Subterránea’ o rock subterráneo -denominación que fuera puesta por los Leuzemia: “Una tarde saliendo del Carnaby Club en Miraflores, -los cuatro- Daniel F.,Kimba, Leo Zcoria y yo le pusimos “Rock Subterráneo”; fue en el invierno del 84…no recuerdo bien si fui yo o uno de los cuatro…” (Raúl Montañez dixit); un movimiento donde podían verse reflejados, escucharse o escuchar los reclamos, las situaciones, las historias que querían oir a través de la música de aquellas variopintas bandas que se movían en ese circuito de movilización underground durante esas dos décadas claroscuras que duró aquel desborde.

Libro Desborde Subterráneo
“Despedida de soltero en el Queirolo” (1990). Dibujo de Willy Wong Wimpón recreando las fotos de Daniel Pajuelo. De izq. a der: Hugo Zavala, Martha Gutiérrez, Marcel Velaochaga, Raúl Montañez Mariluz, Willy Wong Wimpón, Richard Díaz, Ulises Quiroz, Miguel Lescano Tena y Edgar Barraza ‘Kilowat’ (en nuestro recuerdo perpetuo).

Sobre el libro Desborde Subterráneo de Fabiola Bazo, resulta bien complejo y arriesgado escribir un libro sobre la movida subterránea y plantear un rollo ideológico separado del tema musical porque no se puede ser inherentes a la esencia musical que eran lo que querían hacer las bandas subtes ¿o es que se trata de los mensajes, del discurso antes que la música, de analizar a los escritores, poetas, compositores en una época plagada de bandas y músicos que lo primero que querían hacer es manifestarse a través de los caminos que ofrecía la música (en este caso el rock)?; ambos tienen que ir de la mano, nunca separados, música con rollo o viceversa; porque pienso que la música es tan o más relevante que el rollo pues es lo primero que se percibe al escuchar cualquier canción de cualquier banda de cualquier estilo musical; en esa dirección pienso también que en un proceso de evolución musical el artista músico que se declara ser consecuente tiene que crecer componiendo mejor con letras o temáticas que trasciendan (que inviten a la reflexión comprometida con su entorno, con su barrio, con su ciudad, con su país, con su historia, con su forma de vivir, consigo mismo, que cuente historias que la música estándard y oficial evaden y niegan) construyendo mejor música que sólo la madurez de los años recorridos -como el talento innato- lo logran.

Asimismo el escribir cuantiosas páginas sobre la desaparecida artista (léase María-T-ta o Patricia Roncal), desde la primera vez que la escuché y vi su chongo/rock/teatral con Empujón Brutal me pareció de lo más lúdico e impactante pero hay que salvaguardar las distancias entre lo que es relevante y trascedental de lo que es pintoresco o carismático), ¿pero de ahí rendirle tributo por un legado post eterno? sobrepasa las cuotas de la exageración dado que el trabajo de investigación pierde seriedad como real valor y objetividad para sopesar las cosas en su real dimensión (creo que aquí ha imperado la subjetividad de la cercana amistad y del afecto póstumo al punto de la idolatría fuera de contexto y control) así como nombrar bandas como Sociedad de Mierda (banda clasista con título de impacto pero de efímera vida respondía al alpinchismo antisistema del momento y con/tras las mismas bandas sub denominadas ‘pitupunks’); Eutanasia, Kaos General, Descontrol -que a mí modo de entender la historia subte- no han tenido tanta relevancia ni huella histórica como para ser sujetos de tan agudo análisis; -tal como se aprecia en las cuantiosas páginas a las que le ha dedicado la autora en su libro- ha sido toda una sorpresa como para muchos que habitaron y fueron parte de la movida pues se debe medir el trabajo con la persistencia, la consecuencia, la producción y el desarrollo musical que (para muestra basta un botón) Voz Propia ha logrado con meritorio y propio esfuerzo -VP a lo largo de estos más de 30 años de trayectoria musical- es sino la única banda que tiene cierto reconocimiento en el “Desborde Subterráneo”- es/será parte de la discusión o polémica que ha generado la publicación en mención.

El libro Desborde Subterráneo suena…

Llama poderosamente la atención que no se haya escrito nada sobre la carrera solista de Daniel F. -¿es que es un silencio a voces?- después de la disolución de la mítica banda Leusemia.

Zcuela Cerrada -la banda liderada por el desaparecido Edwin Zcuela (un auténtico poeta urbano)- es una deuda pendiente y un reclamo a la historia no dedicada en esta publicación. Resulta propicio contar una anécdota que la historia oficial nunca contó de oficio -valga la redundancia y de propia boca de Raúl Montañez- que ocurrió en el estudio de Miki Gonzales -a quien se le considera un importante personaje que apoyó a las bandas subtes que llamaron su atención-.

En el ochenta y cinco (1985) fuimos -Edwin y yo- al estudio de Miki con un cassette que contenía un ensayo de Zcuela en la “No Helden”; lo escuchó y le puso gran atención al ska (los ska como los blues tienen una estructura armónica que muchos lo repetimos). Lo coincidente es que después de esa audición Miki grabara “Lola”… -canción incluida en el segundo álbum “Tantas Veces” (1987) de Gonzales) y que se convirtiera en un hit comercial que sonara y se propalara tanto en las radios locales como en la televisión de aquellos años. La canción original de la banda Zcuela Cerrada -materia de “no es plagio, es copia” por parte del músico español Miki Gonzales– se llama/ba “ Al otro lado de las sombras”; el resto es historia…

Escribir una reseña con sabor a tributo -por lo menos- del desaparecido personaje del rocanrol de los barrios suburbanos y de las calles de Lima Centro como lo fue Edgar Barraza ‘Kilowat’ hubiera representado una reinvindicación con la historia para con quien fue/ra uno de los grandes propulsores del rock en castellano nacional desde inicios del ochenta con su banda “Kola Rock” en tiempos cuando todavía las bandas limeñas seguían tocando y cantando en inglés.

De igual modo bandas importantes que estuvieron en la escena sub y que trascendieron por su propuesta temática y musical como los Eructo Maldonado, Delirios Krónikos, Exodo (Combustible), Luxuria, El Diario, Cadena Perpetua (Vagabundos), Sor Obscena, Lima 13, La Banda del Cadalzo, el Cabaret Rojo; merecían más que una mención en los laboriosos como interesantes encartes/organigramas de la memoria histórica subte; es decir algún espacio reinvindicatorio como mención dentro de las páginas de este abundante y recopilatorio trabajo de investigación (las excusas pueden ser miles pero la responsabilidad de escribir sobre la movida lo demanda).

Sobre los lugares que los subterráneos solían estar o pulular está el infinito como atemporal micropaís del jirón Quilca en Lima Centro -tal cual lo definía el entrañable y asiduo poeta quilqueño Charlie Quesada- (de esas dos décadas claroscuras) en sus inéditos poemarios fotocopiados en Casa Klauer del jirón Puno a pocas cuadras de la Plaza San Martín -un clásico y querido lugar de Lima donde se han (re)producido las incontables maquetas de la historia del rock subte y carátulas miles para la venta de cassettes piratas; así como predilecto punto de reunión de la gente sub donde las ideas se concretaban por la calidad de sus fotocopias (tal vez las mejores de la ciudad capital) -así concordamos en un flash back memorex por las redes sociales con el rocker Roc Magnon-; Charlie obsequiaba sus poemas a las personas que tanto apreciaba y quería con ese extraño sentimiento de ángel y demonio que un día de esos partió por aquellos lejanos parajes de la sierra central acostado con su alma desfalleciente de tanto andar.

Quilca tenía/tiene ese magnetismo embrujador donde seres del túnel del tiempo de distintos orígenes socioculturales convergen y son acogidos en sus bares eternos de desolación, de locura surreal como la magia del primer sorbo, como la tortura de la peor huasca; cuantos de nosotros anduvimos por ahí y caímos como Dante en sus círculos de algún cielo olvidado o de un infierno repiqueteante era/es un callejón con muchas entradas y pocas salidas. Allí los poetas, pintores, artistas, músicos de la era subterránea hacían de sus bares su bastión y centro de reunión para organizar algún concierto de tantos que se dieron durante esas dos décadas prodigiosas y malditas; juntarse para los previos antes de ir a ellos o en su defecto después de regresar de ellos para celebrar lo que se tenga que celebrar -con causa o sin ella; ésa siempre fue la consigna porque no importaba el mañana ni el futuro-.

Concierto de Rock Subterráneo
Concierto de Rock Subterráneo del 9 de setiembre de 1989 en la Peña Huscarán. Arte, diseño, diagramación y grabación: Willy Wong Wimpón.
Rock Marginal
Carátula para cassette de grupos de Rock Subterráneo (1989). Arte, diseño y grabación de Willy Wong Wimpón.

El libro de Fabiola Bazo a pesar de tener deudas pendientes con la historia subterránea y excesos de ocupación de historias, testimonios de bandas sobreestimadas en sus páginas -tal vez porque esas fueron las únicas fuentes que encontró y donde su trabajo de investigación se apoyó (los subtes son bien jodidos)-; contribuye a la memoria histórica de la movida subterránea así como al imaginario del museo del rock peruano; la movida o en este caso “El Desborde Subterráneo” pretender entenderlo continúa siendo bien complejo como una tarea eterna para la casa (homework); que cada uno de los que ha vivido o no la movida saque sus conclusiones…

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About The Author

Willy Wong Wimpón

Artista gráfico, plástico y escritor de formación autodidacta. Trabaja en el rubro de la cocina artesanal. Ha editado "Fusión" (revista de arte y cultura, 1985), "Rataplán" (revista de cómic y otras notas, 1988) y el poemario autobiográfico "Notas del Alma y Otras Espinas (1991). Ha participado en innumerables exposiciones colectivas y actualmente prepara la carpeta/objeto/poemario: "No Hay Lateo Sin Blues".

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