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La Movida Española y el Rock Subterráneo
Photo Credit To La Huella Sonora

La Movida Española y el Rock Subterráneo

Ángel Esteban, catedrático de la Universidad de Granada en España, está realizando un trabajo de investigación sobre las relaciones –en diversos ámbitos de la cultura- entre España y el Perú. En el marco de dicha investigación entrevistó al poeta Roger Santiváñez, quien en 1985 apoyó a Leusemia ante la empresa El Virrey para la grabación de su primer disco. Roger fue uno de los primeros cronistas y promotor del rock subterráneo en el Perú. La conversación se centra en la relación de la movida española y la contracultura juvenil limeña de los 80s.

He aquí la interviú originalmente publicada en la revista electrónica de estudios transatlánticos de literatura Letral #15 en diciembre del 2015. La Revista Letral es una publicación electrónica del Departamento de Literatura Española de la Universidad de Granada  y tiene como objetivo ofrecer un espacio científico de calidad para la investigación, desarrollo y divulgación de los estudios literarios latinoamericanos y españoles.

Kloaka, el rock “andesground” y la movida española de los ochenta

Entrevista de Ángel Esteban a Roger Santiváñez

Roger Santiváñez fue el poeta más destacado del Movimiento Kloaka en los años 80 y uno de los principales promotores de su estética. Y con la poesía llegó el rock subterráneo, que en Lima sería “andesground”, y que tuvo muchos puntos de encuentro con la movida española del posfranquismo. En la península se quería gastar de un plumazo toda la libertad de la que se había carecido durante casi cuarenta años, y en el Perú era la hora de olvidarse de la dictadura militar y tratar de construir una sociedad verdaderamente democrática y libre. Santiváñez estuvo en el centro de la implantación de la nueva estética, de la nueva poética revolucionaria de los jóvenes, pero también actuó como crisol, en el que se fundieron (y se difundieron) estilos artísticos muy diversos, como las nuevas tendencias musicales.

¿Qué relación hubo entre el nuevo movimiento poético y los comienzos del rock alternativo?

En el principio fue el Movimiento Kloaka. Corría 1982 y a la librería ‘El Caballo Rojo’ de Lima llegaban las primeras ediciones liberadas del post-franquismo español. Allí me encontraba con Edgar Barraza, el legendario Kilowatt revisando libros de Júcar para encontrarnos con Ramoncín, a quien Kilo admiraba. Preparábamos el primer recital de Kloaka en el Auditorio Miraflores y Kilowatt se aparece en mi casa del Rímac con un caset de Parálisis Permanente. Allí escuchamos entonces la versión de ‘Ahora Quiero Ser Tu Perro’ de Iggy Pop que luego interpretará Narcosis en su primer y único caset editado en el verano de 1985.

¿Cómo fueron los antecedentes del rock subterráneo o “andesground”?

En 1982 todavía no existía el rock subterráneo, sino grupos dispersos por los barrios de la gran Lima, como La Kola Rok de Kilowatt que rompe fuegos en la presentación de Kloaka en abril de aquel año. Lo concreto es que Rafael Hurtado de Mendoza viajó desde Lima a Madrid y se estableció allí entre 1981 y 1983, durante el momento de la llamada punta de la movida española. Fue así como el Rafa estuvo en la Primera Fiesta del programa “Diario Pop” que dirigía Jesús Ordovás, escenificada en la sala ‘Rock Ola’ en la que se presentaron Siniestro Total, Décima Víctima, Radio Futura, Aviador Dro y Alaska & los Pegamoides. Las cintas de esta reunión junto a otras del mismo programa radial y también algunas procedentes del espacio de El Búho (Paco Pérez Bryan) fueron las primeras de la movida que llegaron a Lima.

¿Y cómo llegó ese material a Lima?

Paul Hurtado de Mendoza, hermano de Rafael, fue quien las recibió. Esos preciosos casets fueron reproducidos por Fernando Vial, mejor conocido como el ‘Cachorro’, y distribuidos en los pocos puntos del centro de Lima donde se podía conseguir este tipo de música. Así fue como la movida española comenzó a propagarse como una fiebre por toda la ciudad. Uno de aquellos asiduos a los puestos de expendio de la Avenida Colmena, era Kilowatt, quien pronto se convierte en admirador de los grupos arriba mencionados y de otros como Nacha Pop, Los Secretos, Loquillo, La Dama Se Esconde, Golpes Bajos, La Unión y principalmente Gabinete Caligari, de donde él toma el look de las patillas alargadas que lo caracterizaría en aquellos tiempos.

¿Cuál fue tu punto de encuentro con ese ambiente y qué relación hubo entre el nuevo proyecto musical y el poético?

Kilowatt formaba parte de una especie de célula rocanrolera del antiguo, populoso y revuelto (en permanente estado de revuelta) distrito limeño de El Rímac. Operaba junto a los hermanos Ricardo y Raúl Montañez, Montaña éste último luego primera guitarra de Leusemia, más Toño Infantes y Toño “Tomatito” Arias de la banda proto-subte Temporal y Carlos Oliva, poeta suicida co-fundador de “Neón” a inicios de los 90s. Fue a través de Kilowatt que yo tomé contacto con esta célula en el verano de 1983, cuando preparaba el lanzamiento del Movimiento Kloaka, lo que ocurrió el 11 de febrero de ese demencial año, en un destartalado bar de la Plaza Unión, centro de Lima -zona lumpen- denominado ‘La Catedral’ el mismo donde transcurre buena parte de la novela Conversación en la Catedral de Mario Vargas Llosa.

¿Y qué ocurrió ese demencial día de ese demencial año?

Aquella noche la célula rimense hizo su debut en rock, pre-anunciando –a nivel de la propuesta ácrata y de bandera negra- lo que un par de años después sería el movimiento del rock subterráneo de Lima. En 1984 cuando Rafael Hurtado de Mendoza regresó al Perú, pensaba abrir un bar-rock en Breña, otro distrito con tradición rockera popular en Lima. Pero se encontró con que Manuel Villavicencio, el “Chino Mañuco’ -otro personaje central de la movida subte (y aún antes)- había ya empezado con el ‘No Helden’ una fabulosa (de fábula en el sentido mitológico) cave new-wave, punk, gothic y con reminiscencias beatnik que funcionó durante los 80s en Lima, La Horrible (César Moro dixit). De modo que todo el material que se había traído de España el Rafa, pasó a la ‘rockola’ que había en el ‘Helden’. Uno podía encontrar allí temas de -aparte de las bandas ya mencionadas- Derribos Arias, El Ultimo Sueño, La Mode, Zombies, Ejecutivos Agresivos, Ariel Rot, Pistones, Luna, Metal & Ca, Danza Invisible, Esclarecidos, Polansky y El Ardor, Los Monaguillosh, Desechables, Ultimo Resorte, Eskorbuto, Las Vulpess, entre otros.

Club Rock Bar No Helden
Publicidad del Club Rock Bar No Helden en la revista Ave Rok (#5, julio 1985).

¿Hubo alguna figura destacada en la difusión de ese tipo de música?

Uno de los más fanáticos cultivadores de esta onda fue Jorge Revilla, El Romántico -poeta también- quien formó en Lima Templo A –con Carlos Magán Boui, luego miembro fundador de Voz Propia– y estuvo cerca de bandas dark de los 80s como Salón Dadá y Col Corazón ambas de Támira Basallo, y Empujón Brutal de Patricia Roncal María T-ta (las únicas dos chicas subterráneas que hubo en Lima aquellos días). ‘El Romántico’ escuchaba una tras otra -sin parar- las canciones de los grupos de la ‘rockola’ del Chino Mañuco en el No-Helden, hasta el punto de que el Chino vaciaba la caja registradora para darle monedas al Romántico, de modo que pudiera seguir poniendo los discos de su predilección en la máquina juke-box. Jorge Revilla finalmente se fue a España a fines de los 80s. Allí formó Silvania y después Cielo para morir trágicamente en su departamento de Madrid hace unos años.

¿Cómo fueron esos inicios del rock limeño de los ochenta?

El rock subterráneo de Lima fue un movimiento espontáneo que se fue forjando en distintos barrios. Primeramente existió lo que podríamos llamar un espacio y tiempo proto-subte: bandas como Cimiento, Soljani, Temporal, Kotosh, Madrigal , Kilowatt y la Kola Rok, Durazno Sangrando y Medias Sucias -éstas tres últimas vinculadas al Movimiento Kloaka- y escenarios como ‘La Caverna’ del jirón Moquegua en el centro de Lima donde debutaría Leusemia, antes del momento subte propiamente dicho, el cuál empezaría en noviembre de 1984 en un local pequeño al costado del restaurant ‘La Palizada’ en la Av. Del Ejército en Miraflores. Alfredo Rossell, de la revista Ave-Rok, organizó los conciertos ‘Ataca Lima’ usando en los afiches el membrete ‘Rock Subterráneo’ gracias a una idea y diseño de Leo Escoria, bajo de Leusemia. Se trataba de dos fechas. En la primera perforó Del Pueblo -rock fusión andina- y en la segunda Narcosis, que hacía poco había debutado en el Carnaby de Miraflores) y Leusemia, considerada la banda fundadora de la nueva tendencia.

¿Tuvo alguna relación esa particular movida limeña con la literatura española del momento?

A propósito de ‘Carnaby’, por esos sacros días podíamos leer con Kilowatt y la mancha de Kloaka el inhallable “Así se fundó Carnaby Street” de Lepoldo María Panero, a grandes voces entre el humo rojo de mi habitación rimense. Y también revistas de la transición española que llegaban a Lima -básicamente a la librería El Caballo Rojo- como “El Viejo Topo” (que nos abría insospechados mundos), la más literaria “Quimera”, o los cómics de ‘Punko’ en “Bésame Mucho”. Y un poco después “Ajo Blanco”, sobre todo un ejemplar con una singular entrevista a Allen Ginsberg, santo patrón de toda movida poético-ácrata-druga que en el mundo haya sido.

¿Y cuándo llegó esa movida rockera a su madurez o a su apoteosis?

En el verano de 1985 Narcósis edita su caset (maqueta artesanal) que fue una bomba para las viejas conciencias adormecidas del rock peruano, y una rojiza luz resplandeciente para las nuevas generaciones. En efecto Fernando Vial, ‘Cachorro’, Wicho García Hildebrant y Pelo Parado Madueño abrieron un boquete en el corazón de todo aquel que amara el rock and roll y estuviera dispuesto a romper con el mundo y transformar la sociedad que lo vio nacer. Para mí -por ejemplo- Narcósis expresaba en un rock fuerte, rotundo -y sin embargo con un hilo melódico- la propuesta radical que había animado nuestras almas anárquicas en los días extremos del Movimiento Kloaka.

Kilowatt, que había participado en los aquelarres kloakensis, fue el primero en hablarme de Leusemia. Un buen día se me apareció con letras de sus primeros temas como “Fascistas en la calle Mussolinni”, “Patricia” o “La iglesia es un basural” y me contó que estaba ensayando con ellos para debutar como vocalista. Esto no llegó a cuajar. Pero poco después su amigo Raúl Montañez (de la célula rock de El Rímac) entró a la banda, para conformar la formación histórica de Leusemia junto a los hermanos Valdivia: Daniel F. y Kimba Vilis, más Leo Escoria. Este cuarteto graba su primer disco en el sello El Virrey de Lima, debido a un contacto casual que yo tuve con el productor Wieland Kafka, en diciembre de 1985. Otras bandas del primer instante de la movida subte de Lima fueron Autopsia, Zcuela Cerrada, y Guerrilla Urbana. Para el verano e invierno de 1986 decenas de bandas subtes habían nacido en la gran Lima. La fiebre de la anarquía rock se propagó como una epidemia por toda la ciudad.

¿Es adecuado hablar de una influencia real de la movida española en el subte peruano?

Estrictamente hablando no podría hablarse de una influencia directa de la movida española sobre el rock subte del Perú. Lo que sí puede decirse es que hubo una emulación “literaria” o en el espíritu. Muchas letras de canciones y también el estilo de los fanzines tienen relación con lo que llegaba de la península. En la Lima de aquellos días -saturada por los apagones ‘luminosos’ y los atentados del Partido Comunista que lideraba Abimael Guzmán- (conocido mundialmente por su nickname Sendero Luminoso) el rock de la movida española se consumía de manera underground, vía copias de casets y no por la radio o la TV que desconocía el asunto. Fue dicho consumo de casets (básicamente los preparados por Cachorro Vial gracias a los envíos de Rafa Hurtado) lo que promovió esta música y animó a muchos jóvenes –en ese instante de lucidez que les perteneció- a editar fanzines y a empezar a ensayar con las colleras seminales que poco después serían varias de las primeras bandas subterráneas de Lima.

Así por ejemplo recuerdo a Gonzalo Púa de Autopsia llevando un polo de Siniestro Total con la inscripción ‘Ante todo mucha calma’ que junto a ‘Bailaré sobre tu tumba’ era una de las canciones que más sonaba en el circuito cerrado subte de Lima. Los sábados por la noche, después del cierre en mi trabajo de la revista ‘Oiga’ llegaban a verme Montaña, Espátula Venérea, Matute, Leo Escoria, Kilowatt , el Omiso, Cachorro con quienes re-descubríamos -por ejemplo- a Los Saicos (Perú 1965) considerados los precursores del punk en el mundo y nos íbamos al Helden, donde Paul Hurtado rayaba la medianoche desde su cabina de disc-jockey, con algún tema de -verbigracia- Radio Futura: “Rompeolas, rompeooooolas’.

¿Recuerdas alguna actuación memorable de bandas españolas en el Perú?

Por esos días llegó a Lima, para tocar en la Feria del Hogar, la Orquesta Mondragón que causó fuerte impacto. A propósito de España recuerdo bandas inmediatamente posteriores al primer brote subte como Radicales después convertida en QEPD Carreño -quienes harían una hermosa versión de un tema del español Loquillo- y Eructo Maldonado, el conjunto de Rafael Hurtado, banda en la que se percibía una cierta tonalidad peninsular. Hablando de la Feria del Hogar, allí Voz Propia -un tiempo después- causó un escándalo cuando lanzó al público una paloma blanca muerta, significando la desaparición de la paz en esos tiempos de guerra civil en el Perú. Por entonces la cosa ya estaba cambiando. Cerró el No-Helden, el Chino Mañuco se fue a Nueva York y Paul Hurtado viajó a España. Antes Leo Escoria se había ido a Londres pero al no poder entrar a Inglaterra se refugia en Italia.

movida española Esquina 1988 orquesta Mondragón
Cáratula de la revista Esquina #7 con cobertura de la actuación de la Orquesta Mondragón en la XXII Feria del Hogar en 1988.

¿Y qué ha sido de aquellas figuras que revolucionaron el ambiente musical de los ochenta?

Hace unos años Leo Escoria volvió al Perú, desde Roma, para celebrar con un superconcierto los 25 años de Leusemia [2009]. Especialmente para acompañar a los leusémikos, Narcósis volvió a reunirse. Fue todo un acontecimiento. Edgar Barraza, Kilowatt, falleció de cáncer a la garganta (él que cantaba tan bacán y que fue -para mí- la voz más dotada del rock peruano) en Buenos Aires, enero 2001, cuando aún estaba demasiado joven para morir y nunca jamás demasiado viejo para el rock and roll. Esta entrevista quiere ser un homenaje a su memoria ad-infinitum. Va por él.

Edgar Kilowatt Barraza por Frank Gore 1989
Edgar “Kilowatt” Barraza (1959-2001). Foto: Frank Gore (1989)

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About The Author

Fabiola Bazo

Fundadora y Administradora de Subte Rock. Profesora Adjunta de Estudios Latinoamericanos en la Universidad Simon Fraser en Vancouver, Canadá. Autora del libro "Desborde Subterráneo. 1983-1992" sobre la escena de rock subterráneo en Lima.

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