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Minimalismo en la Narrativa Subte: Generación Cochebomba
Photo Credit To Portada primera edición Generación Cochebomba

Minimalismo en la Narrativa Subte: Generación Cochebomba

Como decímos en España: “me lo he pasado bomba (muy bien)”. Sí, me lo he pasado bomba, escribiendo sobre Generación Cochebomba, texto orientado al periodismo y a los estudios culturales.

El fanzine Sideburns (enero 1977) lanza en plena eclosión punk rock una frase sublevante que recuerda a los caballeros medievales que se quitaban los guantes y abofeteaban a sus semejantes, invitándoles a batirse en duelo: “Toma tres acordes y forma tu banda”. Treinta años después, en Lima, Martín Roldán Ruiz –basándose en los sucesos de su adolescencia subte– recoge simbólicamente los guantes y la idea principal, y la lleva a los campos fértiles de la literatura: “toma tres relatos cercanos y escribe tu novela”. El resultado: Generación Cochebomba, que desembarcó en España a través de la editorial independiente Pepitas de Calabaza, en octubre de 2015.

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Generación Cochebomba

Sin ánimo de teorizar sobre estética y ética, el periodista Martín Roldán (Lima, 1970) hace una sorprendente composición narrativa de 424 páginas (en su edición española) sobre un grupo de subtes que viven en la Lima de finales de los años 80 y principios de los 90. La capital peruana es una ciudad sitiada por el desastre económico del primer gobierno de Alan García Pérez y la agudización de la violencia política por las medidas de su sucesor, Alberto Fujimori. Los protagonistas son adolescentes procedentes de los barrios populares y de la empobrecida clase media local, que se encuentran entre el fuego cruzado del grupo subversivo Sendero Luminoso y de las fuerzas armadas; estos chicos representan los rostros andinos del no futuro.

“La mierda existe”, pensó. Se había detenido de pronto y como una revelación la vio en el smog de los carros, en la grisura de los edificios, en la suciedad de las veredas y fachadas. Sí, por donde posaba los ojos estaba presente, como un ser vivo, como un peruano más. “Calles de mierda, tránsito de mierda, gente de mierda, sociedad de mierda… ¡País de mierda!”. Sí, por todos los lados de esa avenida, en donde caminaba una multitud amorfa, anónima, que sólo esperaba el fin de semana para vivir. En medio de todo eso, Adrián R, dejaba que el mar humano lo rebasara, buscando el camino correcto que complementara su soledad [Roldán, 2015:13].

La vida de los personajes transcurre entre el desempleo, la desesperanza, el alcohol, las drogas, los conflictos familiares y las tertulias sobre música y política. Sin embargo, en medio de todo este panorama oscuro surge, como una llama esperanzadora, el amor entre el personaje principal Adrián R y su amiga Olga, un elemento contrario a toda esa atmósfera enrarecida y lúgubre de un complejísimo país llamado Perú, teñido de sangre y de luto.

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Minimalismo

La estrategia a la que recurre Martín Roldán para configurar su primera novela empieza por trazar, como punto de partida, un principio elemental de la estructura musical y letrística de las canciones punkis y subtes. ¿Y de qué estrategia hablamos? Del minimalismo.

Carlos Desperdicio escogió Dead Kennedys: “Kill, kill, kill, kill, kill the poor…” cantaron a coro. El humo de los cigarrillos llenó el cuarto. Pocho Treblinka gritaba extasiado: “London, estoy en London”. El Innombrable hacía muecas al beber, sentía un poco de asco. Carlos Desperdicio al verlo le vino a la mente el atún que habían comido. “Los tombos   son una mierda” dijo el Treblinka y Adrián R agregó: “Y el gobierno también”, “¿Y a quién le importan los gobiernos?” preguntó el Desperdicio. “A mí no” respondió el Treblinka. “Lo que pasa es que nada me importa” dijo Adrián R. “Yo si sé que te importa”, dijo el Treblinka señalando a Adrian R. “¿Qué?” dijo éste. “¡Olga!” “¿Olga?” dijo el Innombrable y agregó: “Buenas caderas”. “Cállate huevón” dijo Adrián. [Roldán, 2015:89]

Al respecto, Anatxu Zabalbeasco y Javier Rodríguez Marcos aclaran el concepto de minimalismo aplicado a las artes:

[…] Alcanzar la máxima expresividad a través de la mínima expresión se ha convertido en la meta de los creadores de las más diversas disciplinas. “Que lo sencillo impacte” –dice el arquitecto suizo Peter Zumthor–. Efectivamente, en un mundo saturado por imágenes, formas y sonidos, reducir, depurar, filtrar terminan siendo los gestos más elocuentes [Zabalbeascoa y Rodríguez, 2000: 6].

La base del punk rock la componen: una guitarra eléctrica distorsionada a través de una pequeña caja de efectos (Fuzz Tone, Overdrive Turbo, etc) activada a pedal, que multiplica los sonidos graves y agudos, que son seguidos por un bajo eléctrico sin artificios y una batería que marca un ritmo sencillo y acelerado. A la compacta instrumentación, heredera de las bandas de garage de los años 60, se suma la voz del cantante del grupo (en los grupos subtes, la voz gritante) que transita por diferentes registro desde proclamas a voz en cuello hasta melodías elaboradas. A partir de 1982, el género evoluciona hacia un sonido más radical: el hardcore-punk.

La crítica y los estudiosos del punk le atribuyen de forma unánime la paternidad del sonido punk al tranquilo y hogareño Ron Asheton (guitarrista de Iggy Pop & The Stooges), quien con su wah wah (efecto de pedal) y su distorsionador, le cambió la cara al rock.

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Ron Asheton

Los riffs eran monolíticos, repetitivos, crudos, mántricos. Fue el inventor del sonido del punk, varios años antes de que los Sex Pistols lo hicieran popular. Toda la agresividad la volcaba en la música, porque debajo del escenario era un tipo de lo más afable […] “Pero mi música es caótica y creo que eso es parte de su atractivo. Es una especie de anarquía controlada.” [Casciero, 2009:1]

Lo que Asheton, fallecido en enero del 2009, pretendía trasmitir era la sensación de caos y de contundencia. El factor caos y contundencia es lo que recodifica Roldán Ruiz y lo traslada hacia una galería literaria impregnada de elementos de la realidad histórica peruana (violencia, pobreza, injusticia social, racismo, corrupción e incertidumbre) que descarga de forma visceral ante el lector-lectora mediante el estilo libre indirecto. Mientras el tempo narrativo eleva sus pulsaciones por minuto –como la percusión y los platillos acelerados de una banda punk de cualquier área metropolitana del planeta — y deja el efecto de una resaca permanente de asco y miedo.

“Aaaaaaah, aaaaaahhhhhhhh, aaaaaaaaahhhhhh”. Echado boca abajo, Pocho Treblinka se quejaba de la resaca. Dolor de cabeza y náuseas lo martirizaban […] Temblaba. “Los muñecos   conchesumare” pensó. Entonces afloraron en su conciencia todos los malditos recuerdos y todos los malditos problemas. Problemas que le llegaban al pincho resolver. La madre por allí, el padre por allá […] Papá llévame al estadio, hoy es el clásico. Ya hijo, voy a llevarte a oriente a la barra crema. No papá soy del Alianza llévame a sur. ¿Cómo tú, hincha de esos negros y cholos apestosos? Recuerda que tú eres blanco, tienes que ser de la U. Pero papá a mí me gustan los colores de Alianza y como juegan. Nada. ¿Por qué papá? Mejor vete solo, ten búscate unos amigos aquí tienes suficiente, yo tengo que trabajar” [Roldán, 2015: 106].

Hardcore-Punk y Arte

La voz solista del punk clásico y del hardcore-punk lanza discursos que convergen en la poesía, los aforismos, el panfleto político y simples proclamas al viento. Desde los Sex Pistols hasta los peninsulares Reincidentes y Ràbia Positiva, pasando por The Clash, Dead Kennedys, Minor Threat, La Polla Records, Kortatu, Ratos de Porao y los inclasificables Sociedad de Mierda (S de M), expresan una férrea oposición al orden político y social establecido de su época, hablan de la inutilidad de los conflictos bélicos locales y globales, testimonian la decadencia de la vida urbana y parodian los usos y costumbres vigentes.

El punk tiende al individualismo y es totalmente iconoclasta (anarquista) y en el campo del arte bebe de las fuentes de las vanguardias de principios del siglo XX (sobre todo del dadaísmo) y de la Internacional Situacionista (1957-1972), corriente que plantea la creación de situaciones transgresoras de carácter público. Guy Debord (1931-1994) es uno de sus representantes más célebres. Por otro lado, en su obra Rastros de carmín, Greil Marcus (Anagrama, 1993) considera que los Sex Pistols fueron una sucesión de “acciones situacionistas”, creadas por su manager Malcom Mc Laren, un antiguo estudiante de bellas artes y agitador cultural londinense.

Si bien Roldán, en su opera prima, parte de un concepto minimalista de disonancias textuales, luego, de manera progresiva experimenta un desplazamiento armónico (in crescendo) hacia figuras retóricas más elaboradas (la polifonía, el monólogo interior, el soliloquio), elementos análogos a las voces intercaladas y a los segmentos corales de los instrumentistas, los falsetes del intérprete y los solos de guitarra amplificada al máximo (punteos). La composición textual ha experimentado una significativa evolución: de la yuxtaposición de formas neoprimitivistas a una prosa con aspectos formales moldeados por el ingenio y el uso acertado de técnicas narrativas.

Además, articula un abanico de planos temáticos diferenciados por situaciones y reproducciones (fidedignas) de los registros sociolingüísticos de Lima (jerga juvenil, léxico político, coloquialismo de los sectores populares y urbano-marginales): los conciertos subtes, las peripecias de niños indigentes, el recuerdo de la primera comunión de los protagonistas, las tertulias de un taxista y sus clientes, el abuso y corrupción policial, las reuniones de una célula terrorista y la aplicación de políticas del terrorismo de estado.

Los planos temáticos son presentados bajo una estructura fragmentada, que encuentra un pretexto lúdico en la emulación del formato de los cassettes de audio (lado A, lado B y sus respectivas canciones). Esto obliga a la lectoría a buscar y encontrar las piezas del rompecabezas. Además, conforme avanza la trama se muestra un tratamiento textual más compatible con la simultaneidad del lenguaje cinematográfico (flashbacks, contrapuntos y ritornelos) para evocar la infancia, socialmente traumatizada, de los personajes.

Además, Martín Roldán bebe de las fuentes de la música, de la comunicación audiovisual y de las letras a través de su experiencia como integrante de la banda hardcore punk Dictadura de Conciencia, como productor del programa televisivo Degeneración, a fines de los 90 y como escritor y bloggero, en la actualidad.

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Dictadura de Conciencia

Los cronistas del rock y estudiosos del tema suelen asociar el término punk a dos elementos principales: la transgresión y la autonomía (el libro Generación cochebomba ha sido financiado, editado y distribuido de forma autogestionaria por el propio Roldán Ruiz, en 2007). Transgresión y autonomía implica un nivel discursivo y otro actitudinal. Es decir, predica con el ejemplo.

Y si nos remontamos a la Edad Media, el caso de los goliardos es similar. El nombre tiene su origen en la antigua palabra francesa gouliard (“clérigo que llevaba vida irregular”) y ella etiquetaba a los monjes en situación marginal y a estudiantes universitarios pobres que viajaban por Europa (Francia, Italia, Inglaterra y Alemania) y que se dedicaban a la poesía, en cuyos versos criticaban de forma sarcástica a la jerarquía eclesiástica y a la monarquía. Elogiaban al vino, al amor, al sexo, a las mujeres, al juego y a las tabernas.

Si hablamos de la narrativa hardcore-punk o subte en el Perú, tendríamos que ubicarla dentro del amplísimo y rico espectro del realismo urbano limeño (MarioVargas Llosa, Julio Ramón Riberyro, Oswaldo Reynoso, Julián Huanay, Enrique Congrains Martins, Oscar Malca, Sergio Galarza, Daniel Alarcón, Carlos Torres Rotondo, Julio Durán, Richard Parra, etcétera).

En conclusión, se concibe a la ciudad como un personaje literario que se desplaza a través de un movimiento pendular entre la omnipresencia y la aparición intermitente. Para Martín Roldán, Lima la horrible (como la popularizó Sebastián Salazar Bondy en su célebre ensayo sobre la capital peruana, publicado en México, 1964) es plasmada sobre tonos grises, negros y rojos. “La urbe interviene. Ya sea como testigo de las situaciones o como una canción que parece salir de las veredas y fachadas. El soundtrack de esos tiempos vividos”, dice Roldán en la contraportada de la primera edición de su explosivo libro.

Bibliografía

CASCIERO, ROQUE, El adiós al inventor del sonido punk, Diario Página 12, Buenos Aires, 7 de enero del 2009.

MARCUS, GREIL, Rastros de carmín, Greil Marcus, Anagrama, 1993.

ROLDÁN RUIZ, MARTÍN, Generación cochebomba, (Autor y Ed.), Lima, 2007.

——————————— Generación cochebomba, (Pepitas de calabaza, Logroño, 2015).

SALAZAR BONDI, SEBASTIÁN, Lima la horrible, Ediciones Era, México DF, 1964.

ZEBALBEASCOS, ANATXU y RODRÍGUEZ, JAVIER, Minimalismos, Editorial Gustavo Gil, Barcelona, 2000.


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About The Author

Ricardo Ivan Paredes

Lic. en Filología Hispánica (Universitat de Barcelona, UB) y Periodismo (U. de San Martín, Lima). Reside en Barcelona, fundó la revista Pliego Suelto, se dedica a la edición-coordinación y cursa el Máster de Enseñanza de Español en la UB. En su adolescencia formó parte de los grupos de rock subterráneo Sociedad de Mierda (“baterista”) y de Excomulgados (voz).

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